Y ahí va una, a restregarle las bubis al otro, y este aprovechando arrimándole el camaronsote BIEN sabroso ¿apoco no?
El abrazo siempre ha sido una de nuestras formas favoritas de mostrar nuestro amor, en el cual se rodea con los brazos al destinatario y se da un buen apretujón también ¿por qué no?
Dicho arrumaco es enormemente terapéutico, los doctores recomiendan los “abrazos de oso” que son rodear con ambos brazos, perfectamente de frente, un abrazo completo.
Los investigadores han encontrado, que el abrazo puede ayudarnos a vivir más tiempo, resistir enfermedades, minimizar el estrés, fortalecer relaciones familiares y mejorar el sueño.
Y lo mejor de todo, es gratis.
En lo personal me encantan los abrazos; me encantan aquellos disparejos, que creo que son los de mi propiedad, casi siempre, esos entre un alto y una bajita, en los que siempre acaba tu cara encajada en el esternón de aquel más alto que tu.
También esta, uno de mis favoritos, en los que abrazas a un gordito, suave, pachoncito, mole, en los que te agencias de sus carnes y ya ni las quieres soltar, apretujado y muy bien acogido.
El delicioso, exclusivo de los tortolitos en el que llega el tipo por detrás y la rodea de la cintura, rico. Y esos, duros ásperos entre los machos alfa, que casi ni se tocan, traperos, que se dan fuertes palmadas en la espalda a falta de cuchillo que encajar.
Los que más alimentan el alma esos suaves y tiernos que te llegan hasta lo más profundo del corazón y son aquellos que te regalan los niños pequeños.
Pero aquellos que se dan sinceramente, con amor, donde cada músculo embona con el del otro, esos son los que alimentan el espíritu y te dan fuerzas para vivir.
